El valor de lo «hecho a mano»

A menudo encontramos la etiqueta “hecho a mano” en todo tipo de objetos, desde comida hasta automóviles, pasando por instrumentos musicales, claro. Pero, ¿qué significa esta etiqueta? Porque “hecho a mano” parece que define muy bien cómo se ha construido algo, pero ¿realmente se ha construido este artículo utilizando sólo las manos? seguramente no. ¿Ha intervenido alguna máquina en el proceso? seguramente sí. ¿Cuántas personas han participado en su creación? ¿una, dos, veinte…? Ante todas estas variables, ¿cómo debemos interpretar este mensaje?

Por supuesto, decir que algo es artesanal puede ser una herramienta más de marketing que hace que el producto parezca mejor, más exclusivo, único, que hay pocas unidades iguales. El problema es que el término tiene una interpretación muy ambigua y las administraciones otorgan estas etiquetas de “producto artesano” o “hecho a mano” siguiendo determinados criterios poco definidos a las empresas que lo solicitan, aun tratándose en ocasiones de grandes producciones industriales. Como consecuencia, muchos artesanos pierden (perdemos) cualquier interés en obtener estas etiquetas. (En la web del Centro de artesanía de la Comunidad Valenciana se puede obtener información sobre una de estas etiquetas y cómo conseguirla)

Pero entonces, y hablando ya de instrumentos musicales y concretamente de guitarras, qué pasa con las guitarras de luthier, ¿están hechas a mano? ¿son mejores?, normalmente son bastante más caras que las guitarras construidas en fábricas, entonces deben ser mejores, ¿no? Bueno, pues depende. ¿De qué? Pues de cómo han sido construidas. En una fábrica se pueden construir muy buenas guitarras y en cambio un luthier o guitarrero también podría construir una guitarra bastante mediocre. Todo dependerá de cómo se utilicen los conocimientos y las herramientas disponibles en cada ocasión. Lejos de tirarme piedras sobre mi propio tejado, creo firmemente que un guitarrero individual puede hacer una guitarra superior a la mayoría de las realizadas en fábricas. No porque trabaje sólo con sus manos, pues seguramente utilizará herramientas eléctricas y algunas máquinas. En realidad su potencial reside en que él, y sólo él, va a realizar TODOS los procesos de la construcción. Veamos cuáles son sus fortalezas frente a las producciones más industrializadas o en serie:

Pasión. Sí, esto importa. Muchísimo. Siempre trabajará mucho mejor alguien que pone no sólo su tiempo, sino también todo su esfuerzo, interés y dedicación en cada proceso de la construcción. Además no dudará en invertir tiempo en observar, detallar, pensar… lo que haga falta, para que el resultado sea perfecto.

Implicación en todo el proceso. El luthier diseña el instrumento que quiere construir, va personalmente a seleccionar y comprar las maderas, las elige para cada instrumento, las dimensiona inicialmente, les da forma, las monta en su guitarra… y acaba conociéndolas muy bien. De esta manera es capaz de sacar lo mejor de ellas para optimizar el resultado final. Estas diferentes partes del proceso se convierten en un todo global que ofrece muchos puntos de vista al constructor y le permite actuar en cada momento para que el resultado final sea el mejor, o al menos para acercarse lo máximo posible a la idea que tiene en mente.

Control de calidad constante. El guitarrero define un nivel de perfeccionismo que sólo él controla. Él hace y supervisa. No delega. Su nombre estará en esa guitarra y es el último responsable de todos sus aspectos, sonoros y estéticos. Pero no solo es responsable, también conoce muy bien todo lo que ha pasado durante la creación por lo que puede responder firmemente ante cualquier duda en la calidad de su obra. Ciertamente se asegurará de obtener sólo los mejores resultados.

Mayor nivel de personalización. Esto no quiere decir que la guitarra vaya a ser mejor o peor. Solamente que estará mejor adaptada al guitarrista, que puede elegir o alterar algunas características del instrumento para adaptarlo a sus preferencias o necesidades. Por ejemplo, se podría modificar el tiro de cuerda, distancia entre cuerdas, altura de las mismas, grosor del mango, ancho de cejilla… También otros elementos estéticos, aunque seguramente el guitarrero ya tenga definida su estética como para querer modificarla en cada guitarra. De cualquier modo, absolutamente todos los elementos de la guitarra se podrían discutir y valorar. Esto es posible porque cada instrumento se realiza individualmente. Sin embargo, resultaría dificultoso y caro hacer estas modificaciones en una producción en serie.

Relación guitarrero – guitarrista. El instrumento en las manos del intérprete es toda una herramienta de expresión. De expresión de sentimientos y de emociones que necesitan ser transmitidas. Esto no es fácil y el músico trabaja muchísimo para conseguir comunicarse a través este lenguaje que es la música. Un aspecto fundamental es conocer la herramienta que utiliza, conocerla muy bien. Y la conocerá más y mejor si comparte ciertas ideas o filosofía con su creador, si ha sido testigo de su construcción o incluso si ha sido partícipe en este proceso.

Todo esto es lo que para mí significa que una guitarra está hecha a mano, o que es artesanal, o que es “de luthier”. Ser guitarrero, más que un oficio es una forma de vida. Y esto aporta un valor al instrumento que va más allá de una etiqueta o de un necesario precio simbólico.

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